"Todo comenzó antes de que estudiara la licenciatura. Fue justamente la primera vez que cultivé hongos. Me hipnotizaron por su belleza y delicadeza… incluso las contaminaciones que trazaban mapas totalmente desconocidos para mí. No entendía bien qué sucedía allí dentro, pero lo sentía: había algo sagrado, complejo y profundamente vivo."
Esa fascinación empujó mi camino hacia la biología. El amor por los hongos se transformó en disciplina, práctica y propósito. Descubrí que no solo se pueden observar: también se pueden cultivar, estudiar, aplicar y enseñar. Y que pueden ofrecer respuestas reales a problemas urgentes, como la nutrición o la biorremediación.
Aprendí a ser paciente. A confiar en los procesos invisibles. A ser meticuloso. A fallar y volver a empezar. Y entendí que mi papel —como los hongos micorrízicos que crean lazos con todo lo que los rodea— era crear conexiones: entre personas, saberes y futuros posibles.
Así nació FungaTec: para compartir el poder del reino fungi, romper estigmas y mostrar que los hongos no son el final de algo… sino el principio.